Comunidad Red Sol
"Impulsamos Comunidades y Redes Solidarias"
LA SOCIEDAD CIVIL
La sociedad civil es el esfuerzo comunitario de autogestión y solidaridad, el espacio independiente del gobierno, en rigor la zona del antagonismo. (Monsiváis. Los días del terremoto. p. 79)
APRENDER A MANEJAR LA ANSIEDAD CLIMÁTICA
Brasil: entre el caos y la destrucción, la ansiedad ambiental se apodera de Río Grande do Sul
Río de Janeiro (Brasil) – Tres semanas después del peor desastre medioambiental de Río Grande do Sul, que causó más de 160 muertos y dejó miles de damnificados, la situación sigue siendo crítica.
El río Guaíba ha vuelto a superar los cuatro metros y en Porto Alegre, la capital de ese estado brasileño, se registran 26 puntos con alto riesgo de deslizamientos. Las calles que no están inundadas dejan ver los efectos de la destrucción, llenas de fango, escombros y basura. Este panorama y las pérdidas humanas y materiales, sumadas a la incertidumbre sobre el futuro, han llevado a la población a experimentar un miedo crónico conocido como ansiedad ambiental.
En el estado brasileño de Río Grande do Sul, muchos hospitales están devastados.
Frente a esta situación, que muchos afectados califican de “apocalíptica”, un fuerte cansancio colectivo se ha instalado en la población.
Los psicoanalistas destacan el fuerte impacto de esta tragedia en la salud mental y en la vida de los brasileños. Cada vez más personas en Río Grande do Sul se preguntan: “¿Quién va a pagar por eso?” o “¿cómo vamos a salir de esta situación?”.
La búsqueda de responsabilidades políticas y la incertidumbre sobre la reconstrucción de lo que fue arrebatado por la fuerza del agua se suman al duelo por los 166 muertos y a la preocupación por los más de 637.000 desplazados.
Los fenómenos complejos tienen causas complejas. No podemos ver esta tragedia con simplismo. La búsqueda de culpas no termina en la naturaleza, ni en una sola Administración, en un solo presidente, gobernador o alcalde, ni en la izquierda o en la derecha, sino en un conjunto igualmente complejo de acciones", señala la psicoanalista Maria Homem.
"Por supuesto, están los responsables de la macropolítica, pero los elegimos nosotros. Superar este trauma y seguir adelante incluirá dejar de infantilizarnos. Ser conscientes de las acciones que realizamos”, agrega la experta.
Angustia, tristeza e impotencia
Desde hace días en los medios de comunicación de Brasil se ha popularizado el neologismo “ansiedad climática”, acuñado en 2017 por la Asociación Estadounidense de Psicología para definir el “miedo crónico a sufrir un cataclismo ambiental que se produce al observar el impacto aparentemente irrevocable del cambio climático”.
En 2021, este término ingresó en el prestigioso diccionario de Oxford, dos años después de que fuese introducido otro concepto novedoso, el de “emergencia climática”.
En Brasil, la “ecoansiedad” ha sido reconocida oficialmente como palabra por la Academia Brasileña de Letras, que la define como un “estado de inquietud y angustia desencadenado por la expectativa de graves consecuencias del cambio climático y la percepción de impotencia ante daños irreversibles al medio ambiente”.
Es una situación que se aplica perfectamente a Río Grande do Sul, que en menos de un año ha experimentado cuatro situaciones climáticas adversas. Cada vez más habitantes de este estado reconocen que sienten agobio o incluso pánico cada vez que llueve.
“No se trata de una patología, sino de un fenómeno que tiene que ver con esas emociones incómodas, como la angustia, la tristeza, la impotencia e incluso la ira con relación al cambio climático”, explica el coordinador del Centro de Estudios e Investigaciones en Trauma y Estrés de la Pontificia Universidad Católica de Río Grande do Sul, Christian Kristensen.
En Brasil, todavía hay pocos trabajos académicos sobre la ecoansiedad, a diferencia de otros países. En el Reino Unido, este concepto ocupa un lugar más destacado en la comunidad científica. De hecho, uno de los mayores estudios sobre el tema ha sido realizado por la Universidad de Bath, con entrevistas a 10.000 jóvenes de entre 16 y 25 años en 10 países diferentes, incluido Brasil. Los resultados, publicados en la revista The Lancet Planetary Health, revelaron que el 59% de los jóvenes se dicen muy preocupados por el cambio climático. El 45% reconoce que esas cuestiones afectan negativamente sus rutinas. Además, el 40% dijo que se plantea no tener hijos debido a la crisis climática y el 75% señala que “el futuro es aterrador”.
Voluntarios y rescatistas agotados
Esta mezcla de pesimismo, inquietud y agotamiento no afecta solo a la población, sino también a los voluntarios y a los profesionales que desde hace tres semanas se desviven para rescatar a vecinos y animales domésticos. Algunos psicólogos hablan incluso de burnout (agotamiento por tareas que generan angustia y culpa)
Muchos albergues ya están notando un descenso en el número de voluntarios, algo que preocupa al ayuntamiento de Porto Alegre. El desgaste es irreversible, ya que muchas personas solo desean volver a su rutina.
Para ayudar a este colectivo, se han creado grupos de emergencia que prestan asistencia psicológica a los que realizan el rescate y acogida de los afectados.
Según el profesor Christian Kristensen, el 20% de estos voluntarios podría desarrollar algún trastorno mental o estrés postraumático por la labor desarrollada en el campo. Esa estimación se basa en investigaciones sobre desastres llevadas a cabo en los últimos 40 años. Entre estos estudios, destaca el seguimiento de los afectados por el huracán Katrina, en Estados Unidos, que causó la muerte de más de 1.800 personas.
La reconstrucción, otra etapa con impacto mental
La situación es objetivamente complicada. Hay más de dos millones de afectados y cerca de 430 ciudades devastadas.
En los próximos meses y tal vez años, el estado de Río Grande do Sul pasará por la mayor acción de reconstrucción de la historia del país, algo que tendrá un profundo impacto en áreas como la agricultura, la salud, la educación y el transporte.
Razones para preocuparse no faltan. En la actualidad, Brasil es el sexto país con el mayor número de personas desplazadas por desastres naturales, según datos de 2023 de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), una estadística encabezada por China y Filipinas.
“Brasil fue responsable de más de un tercio de los desplazamientos por desastres en América del Sur, con 745.000, la cifra más alta desde que se iniciaron los registros en 2008”, revela el informe de la OIM, publicado el pasado 14 de mayo.
Los estados de Santa Catarina, Río Grande do Sul y Paraná, en el sur subtropical del país, fueron afectados por lluvias récord en octubre y noviembre de 2023, lo que provocó más de 183.000 desplazamientos. La OIM advierte que, en un futuro próximo, los desastres naturales obligarán a millones de personas a abandonar sus hogares y ciudades en busca de refugio.
Esta perspectiva plantea nuevos desafíos para el Gobierno y la población.
“En poco menos de un mes desde que las primeras tormentas azotaron el suelo de Río Grande do Sul, además de la pérdida de vidas, plantaciones, industrias, comercios, viviendas, carreteras, ciudades enteras, también hemos visto signos de erosión de los elementos que nos mantienen funcionando como sociedad. Mujeres fueron violadas y atacadas en los albergues, casas inundadas fueron saqueadas, las facciones criminales entraron en guerra e impusieron sus reglas a las comunidades”, escribió el columnista Leonardo Sakamoto.
“Por mucho que Brasil haya experimentado maravillosos ejemplos de solidaridad y de amor hacia el prójimo, también hemos visto un anticipo del colapso de la civilización que vendrá con el cambio climático. Es cada uno por sí mismo y Dios por encima de todo", añade.
Los científicos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas "vienen advirtiendo que este cambio traerá conflictos armados y guerras por el instinto más básico, el de la supervivencia. En este contexto, la disputa por recursos naturales, como agua dulce, tierra para plantar y terrenos seguros para vivir, ya provoca disputas violentas no solo entre países, sino también, y principalmente, entre clases sociales”, concluye Sakamoto.
27 Mayo, 2024
ANSIEDAD CLIMÁTICA - RESULTADOS DE ENCUESTA EN JÓVENES
ANSIEDAD CLIMÁTICA
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MEXICANOS SE SIENTEN AFECTADOS POR EL CAMBIO CLIMÁTICO
En México, la gente sí piensa en el cambio climático…pero para mal.
México es el país del mundo en el que mayor proporción de la población considera que ya ha ocurrido un efecto severo por la crisis climática, esto de acuerdo con un estudio de la empresa Ipsos realizado en 34 países.
En promedio el 56 % de la población global afirma que el cambio climático ya ha tenido afectaciones severas en el lugar donde vive, pero en México, la cifra se eleva al ¡75 %!
Una de las consecuencias que puede traer el cambio climático a largo plazo son los posibles desplazamientos de poblaciones.
Ante ello, en promedio, un 35 % cree que ellos o sus familias tendrán que abandonar sus hogares en los próximos 25 años debido a los efectos del clima. Sin embargo, otra vez nuestro país es más negativo, aquí el 37 %que es probable que sea desplazado de su hogar como resultado del cambio climático.
Los jóvenes: conscientes y pesimistas
La población menor de 35 años es la más consciente de que en algún momento tendrá que mudarse por causas climáticas. A nivel mundial, el 43% de los jóvenes dice que es probable que necesiten mudarse en los próximos 25 años, frente al 37% de las personas entre 36 y 49 años y solo el 25 % entre los de 50 a 74 años.
Estos son los principales hallazgos de una encuesta realizada por Ipsos en 34 países del 22 de julio al 5 de agosto de 2022 entre 23,507 adultos de 18 a 74 años a través de la plataforma en línea Global Advisor de Ipsos.CRISIS CLIMÁTICA Y MODELO DE MALDESARROLLO
ENRIQUE VIALE.- Abogado ambientalista de Argentina
JUSTICIA CLIMÁTICA
Silvia Ribeiro (*)
“Para ir a la raíz de las injusticias ambientales y climáticas hay que confrontar más de cuatros siglos de imperialismo colonial, opresión ininterrumpida del patriarcado y supremacía blanca, y la actual expansión del capitalismo industrial, neoliberal y globalizado.” Así comienza la introducción del material de formación popular Engañados en el invernadero, elaborado por un amplio grupo de organizaciones de base indígenas, sociales, campesinas, urbanas, ambientales de América del Norte, entre ellas la Red Ambiental Indígena, el Proyecto Global de Justicia Ecológica, la Red por Justicia Energética, la Alianza por una Transición Justa y otras.
Hace más de una década se propusieron explicar en lenguaje sencillo la injusticia ambiental y climática, develando las maniobras de las empresas y gobiernos con las llamadas “falsas soluciones”: propuestas tecnológicas, de manipulación de la naturaleza y financieras, que no tienen nada de “soluciones” sino que están diseñadas para lo contrario: evitar exponer, y mucho menos cambiar, las causas de la injusticia ambiental. Y en ese camino inventar nuevos negocios con esos tramposos mecanismos.
Este colectivo de organizaciones presenta ahora la tercera edición de un material revisado y aumentado, que es especialmente útil frente a la próxima reunión de la ONU en Glasgow (COP 26 del clima), por la que pronto nos inundarán con titulares catastróficos y engañosos.
Cuáles son las «falsas soluciones» y por qué resistirlas?
El fondo del trabajo de las organizaciones es mucho más que la reacción ante propuestas del capitalismo sobre el clima. Como lo dicen desde el comienzo, se plantean una crítica al colonialismo, al patriarcado, al racismo implícito. Como parte de la información que necesitamos para entender y resistir las múltiples trampas del capitalismo, este material colectivo se enfoca en revisar una amplia lista de “falsas soluciones” climáticas.
Desde propuestas que ya llevan años, hasta otras más recientes, el libro presenta brevemente de qué se trata cada propuesta o tecnología, los impactos que tiene y por qué debemos resistirlas. Toma los problemas como fijar precios al carbono, las llamadas “soluciones basadas en la naturaleza”, y actividades como: la bioenergía, la extracción y quema de gas natural y fracking, la producción de energía a partir de hidrógeno, de rellenos sanitarios, de incineración de residuos, la energía nuclear, energía hidráulica, las técnicas de geoingeniería, captura de carbono y las energías renovables. En este último caso, cuando son llevadas por empresas y no como un recurso de las comunidades y pueblos, en sus propias condiciones y con el conocimiento que tienen del medio.
Es un material muy útil en la vorágine de temas en que todas y todos estamos, ya que es sintético pero con información sólida, y nos guía con mano solidaria en la oscuridad que ha generado el teatro de las “falsas soluciones” climáticas. Especialmente cuando la discusión climática sigue creciendo y cada vez hay más términos que están diseñados para que no entendamos lo que realmente está pasando o para hacernos creer que con sus propuestas de alto riesgo se puede resolver el calentamiento global.
Como lo llama el colectivo editorial, este libro es un poco como entrar en la caja de Pandora de las propuestas climáticas falsas, diseñadas para lucrar con las crisis, pero es útil para entenderlas y resistirlas.
Justicia climática y soluciones verdaderas
El colectivo editorial reflexiona también sobre lo ocurrido desde el año en que publicaron la primera edición: “Estamos viendo una alarmante tendencia hacia una ‘política de la desesperanza’, incluso dentro de algunos movimientos, donde el capitalismo del desastre, junto con la ceguera del reduccionismo del carbono —que reduce todo a medir carbono, en lugar de ver las múltiples crisis—, la financiarización de la naturaleza y un creciente utopismo tecnológico, han fomentado la proliferación de esquemas falsos que se benefician económicamente del deterioro climático”.
“Incluso el simbólico Acuerdo de París
celebrado en Naciones Unidas en 2015 ha servido en gran medida para
habilitar y promover una serie de estafas tecnológicas corporativas,
mecanismos del mercado de carbono y de impuestos al carbono”, agregan.
Por otra parte, reflexionan sobre la organización contra la “política de la desesperanza”: “Hoy más que nunca, el centro de gravedad de los movimientos por el clima ha virado hacia una perspectiva basada en la justicia climática, en la cual no distinguimos entre la guerra global contra la biodiversidad emprendida por la avidez de las corporaciones y las guerras contra las culturas, las cosmovisiones, las comunidades y los cuerpos de la gente oprimida en todo el mundo.”
Cuando el problema se enmarca bajo la premisa de la justicia climática, la crisis climática deja de reducirse al simple hecho de contabilizar carbono. “Movimientos de base liderados por comunidades de todo el mundo proponen una mirada transversal sobre la economía —sobre la explotación de la tierra, del trabajo y los sistemas vivientes, la erosión de las semillas, el suelo, la historia y el espíritu— y buscan promover soluciones verdaderas a nuestro alrededor, todos los días, en diversas fuentes: desde el conocimiento tradicional indígena, la soberanía alimentaria, la desmercantilización de la tierra, la vivienda y la atención médica, hasta la abolición del complejo militar industrial que pretende extraer hasta la última de gota de combustible fósil de la Madre Tierra”.
En ese tono concluyen: “También en la transición justa y la democracia energética, que procuran impulsar energías democratizadas, descentralizadas, no tóxicas y descarbonizadas para alimentar nuestra vida, y en la justicia transformativa, con la cual respondemos al trauma y la violencia.”
El libro se pueden descargar libre en el sitio https://climatefalsesolutions.
(*) directora para América Latina del Grupo ETC